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02 noviembre 2005

Breves de Perucho en Guaracarumbo

Entre las distracciones de mi abuelo Perucho (ermitaño retirado en su hacienda en el Avila) estaba la de recitarme graciosos versitos al revés, que yo me aprendía al vuelo, tanto que hoy en día aún recuerdo aquellos divertidos disparates:
“Le nomo y le toaraguá

fuéronse a sarfecón,
le nomo liosá riendoco
que por on biasá zarré ”(*)

Una vez que lo dominé lo recitaba con acento francés y los que me oían a los 5 años recitando (y que) en francés se quedaban boquiabiertos.
De esa época éste otro:
“La iguana y el mato de agua
se fueron al Orinoco,
la iguana nunca volvió….
y el mato de agua tampoco” (cóño, qué profundidad).

Luego en la misma tónica me le cambiaba los títulos a los cuentos, así por ejemplo estaba: -Alí Badrones y los 40 Babá- o -Blancanito y los siete enanieves-. Jugábamos a las adivinanzas inventadas, “jala pa’tras y escupe candela” ¿la escopeta?…..no! el cigarro. Me dictaba poemas épicos mientras yo aprendía a mecanografiar en una vetusta maquina de escribir con forro de cuero. Ya más cerca del final de sus días se puso medio llorón el viejo otrora tan arrecho, se quedaba mirando al patio y de repente se le oía decir a media voz “ahí va la gallina….” y nos quedabamos atentos esperando una cátedra sobre la gallina o las aves de corral, pero remataba con la voz quebrada y los ojos húmedos : “con sus pollitos”.

A Perucho todos le ponían atención, todos lo oían, todos lo respetaban, aún cuando al final solo se le escapara un sollozo. Podría pasarme horas escribiendo de mi abuelo porque guardo tantos recuerdos, pero creo que tendré que hacer varias entregas. Esos años de infancia, de fines de semana en la Hacienda, con mi adorado abuelo, chuchumeco físicamente, pero que me daba horas y horas de distracción, no las cambiaría por nada.

Es un tesoro inmenso poder disfrutar a los abuelos.

(*) El mono y el araguato
se fueron a confesar,
el mono salió corriendo
porque no sabía rezar.